Más de 50.000 asistentes llenan Jardín de las Delicias en la Complutense

El festival Jardín de las Delicias reunió durante el fin de semana en la Universidad Complutense a más de 50.000 asistentes de edades muy diversas, con grupos de jóvenes, familias y público de entre 30 y 50 años repartidos por el recinto. Las dos jornadas transcurrieron sin incidencias de seguridad.
La séptima edición mantuvo el montaje de años anteriores, con el campo de rugby de Cantarranas como escenario de una cita que se prolongó desde la tarde hasta la madrugada. El recinto abrió el viernes a las 15:00 horas.
Los accesos funcionaron con rapidez, sobre todo en la segunda jornada, cuando el público ya conocía las puertas de entrada. El viernes se produjo alguna confusión en la entrada de prensa y en el punto de recogida de las pulseras, un desajuste puntual en un evento de estas dimensiones.
Nada más cruzar el control, el recinto desplegaba una amplia oferta de puestos de comida y bebida, con tacos, hamburguesas, perritos y patatas. Junto a ellos había activaciones de distintas marcas, con presencia continua de público a lo largo de las dos jornadas.
Entre las marcas presentes figuraban Domino's Pizza, Rodilla y McDonald's, esta última incorporada este año. El puesto de la cadena estadounidense fue uno de los que más afluencia registró durante todo el fin de semana.
Pese al tamaño del festival, las colas para pedir se mantuvieron contenidas en la mayoría de los puntos de venta, repartidos por distintas zonas del recinto. Los baños resultaron suficientes y las fuentes de agua registraron menos afluencia que en ediciones anteriores, aunque las aglomeraciones crecieron en los tramos finales de cada jornada.
La principal carencia estuvo en las zonas de sombra. Durante las primeras horas de cada jornada, a media tarde, el calor apretaba y resultaba complicado encontrar un lugar resguardado para esperar entre concierto y concierto.
A esa falta de sombra se sumó la escasez de espacios para sentarse. El recinto ofrecía pocos puntos de descanso para el volumen de público que reunió el festival durante toda la tarde y la noche, una demanda difícil de cubrir con una asistencia de estas dimensiones.
La composición del público fue uno de los rasgos de la edición. Junto al asistente joven convivieron grupos de amigos de 30, 40 y 50 años, además de padres y madres con sus hijos, atraídos por un cartel con artistas de trayectorias y públicos distintos.
El fin de semana se desarrolló sin problemas de convivencia ni incidentes reseñables. El comportamiento del público permitió que varios artistas bajaran al césped a cantar entre la gente, un gesto poco habitual en festivales de esta escala.
Dani Martín lo hizo durante un par de canciones el viernes, con asistentes formando círculos a su alrededor y grabando la escena desde los hombros de otros. La actuación no registró ningún incidente.
El escenario del Bosque Ahorramás funcionó como contrapunto al escenario Endesa. Con menos público, artistas como Javi Chapela, Mbongo o Ters llenaron el espacio y generaron un ambiente en el que los asistentes coreaban los temas de principio a fin.
Ese formato de aforo reducido permitió descubrir nombres fuera de los grandes conciertos y funcionó también como pista de baile del festival gracias a las sesiones programadas entre actuaciones.
