The Black Keys llenan el Movistar Arena de Madrid con su gira 'Peaches N’ Kream'

The Black Keys actuaron el 13 de septiembre en el Movistar Arena de Madrid, única parada en España de su gira mundial “Peaches N’ Kream”, y convirtieron el pabellón en un bar clandestino lleno de humo gracias a Dan Auerbach, Patrick Carney y una banda de gira formada por otros cuatro músicos, entre ellos Jimbo Mathus.
El concierto arrancó con un tímido “How you doing” de Dan, que salió con camisa roja con el 17, pantalón vaquero blanco muy gastado y un cinturón de piel viejo. Aunque era domingo, un día que no suele ser el mejor para un espectáculo, la cita se celebró 14 años después de su anterior visita a Madrid.
La banda abrió con “I Got Mine” en un inicio de sonido confuso y turbio, algo que el pabellón Arena, descrito como un recinto manoseado y difícil, no ayudó a corregir. Más adelante, con “Fever” y el desgarro de los invitados, la mezcla fue aclarando y el concierto tomó velocidad de crucero.
A partir de ahí, The Black Keys encadenaron un repertorio con sus temas más conocidos mientras la pantalla del fondo aportaba una gráfica animada y colorida. Cuando el sonido ya estaba modulado y el público respondía con las manos en alto, la actuación fue avanzando con una energía constante.
Sonaron 18 canciones en total, entre ellas “Howlin’ for You”, que desató una locura contenida, y “Weight of Love”, que empujó la embriaguez dominical todavía más lejos. El grupo se mostró fiel, cumplidor, atento, serio y enérgico durante toda la noche.
La formación que acompaña a Auerbach y Carney había crecido con los años y esa presencia añadida dio más textura y amplitud al repertorio, sin perder la base de actitud, ritmo y fuerza con la que el dúo se dio a conocer. El grupo mantiene un sonido de blues rock norteamericano que no envejece y que ha seguido funcionando durante 25 años.
La noche acabó con “Little Black Submarines” y “Lonely Boy”, dos de los temas que colocaron a The Black Keys en la cima en los años 2000, y el concierto se cerró como el último que la banda ofrecerá en Europa. El texto original subraya además la espera de 14 años para volver a verles en Madrid.
En el tramo final del relato se incluye una crítica a ciertas normas de acceso y circulación dentro del Movistar Arena ese 13 de septiembre, como la espera de unos 10 minutos para cerrar una puerta y abrir otra, la obligación de permanecer en la misma zona hasta el final del concierto y el traslado de 10 metros hacia atrás a quienes no podían mostrar la entrada porque tenían que abrir el correo electrónico. El texto concluye con la referencia a que el público no acudía a ver a Aitana y que muchos asistentes tenían 55 años.
