Ciro y Los Persas convierten La Riviera en una fiesta de rock en Madrid

Madrid acogió el domingo 20 de septiembre a Ciro y Los Persas en La Riviera, dentro de una nueva gira europea que volvió a situar al grupo argentino ante uno de sus públicos más fieles fuera de su país. La sala, ya muy vinculada a la banda, volvió a funcionar como su escenario de referencia en la capital española.
Antes incluso de que saliera Andrés Ciro Martínez, el ambiente ya era muy intenso y la expectación fue creciendo hasta hacerse atronadora. Cuando el cantante apareció con micrófono y maracas, la reacción del público fue inmediata y el concierto arrancó con Desde lejos no se ve y Ruleta, dos temas de Los Piojos, el proyecto anterior del artista, cuyo regreso reciente en Argentina sigue muy presente en el recuerdo de sus seguidores.
Con Caminando, Vas a bailar y Todo pasa, la actuación mantuvo un nivel de intensidad constante, con la banda avanzando con seguridad y la pista respondiendo en cada movimiento. Después llegaron ¡Juira! y Tan solo, una de las escenas más señaladas de la noche, con el micrófono situado en el pie y el público coreando mientras se mezclaban lágrimas, aplausos y abrazos.
El repertorio siguió con Antes y después, Chacaloop, Maradó y Como Alí, entre otras canciones, mientras el pogo se extendía por toda la sala. También se multiplicaban las camisetas y banderas ligadas a la trayectoria del grupo, y las voces de varias generaciones acababan uniéndose en una misma respuesta. La presencia de Los Piojos sobrevoló buena parte del concierto, en paralelo al regreso del proyecto en Argentina con una serie de actuaciones en estadios abarrotados.
Más adelante sonaron Mírenla y Me gusta, con el cierre de la primera parte reservado para los clásicos piojosos Verano del ’92 y El balneario de los doctores crotos. El recital fue avanzando por distintas etapas de la carrera de Ciro y Los Persas, en un recorrido que enlazó recuerdos, vivencias, viajes, sentimientos, amores y pérdidas, y que llevó a cada seguidor al momento en que escuchó por primera vez cada canción.
Cuando llegó ¡Me matan limón!, la conexión con el rock argentino volvió a hacerse evidente. El guiño a Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, con el recuerdo vivo del Indio Solari, provocó otra gran reacción en la sala, antes de que aparecieran Luz de marfil y Genius. El regreso de Ciro encontró a un público ya entregado y dispuesto a permanecer en La Riviera toda la noche.
Insisto y El farolito llevaron el concierto a uno de sus puntos de mayor electricidad. Ciro, como frontman, se movió entre lo terrenal y lo divino, mientras Los Persas ofrecían un sonido prolijo, contundente y titánico. El resultado fue uno de los directos que más se recuerdan en la capital española, con La Riviera convertida en una sola voz.
Uno de los momentos más inesperados llegó con la aparición de José Palazzo, creador de Cosquín Rock, que se sumó al grupo al bajo para interpretar El viejo, de Pappo’s Blues. La intervención fue recibida como un instante especial y espontáneo, y el aplauso para Palazzo fue unánime, en reconocimiento a su labor por la cultura y el arte durante décadas.
Después sonó Astros, cuando parecía que la noche se acercaba a su final. Sin embargo, todavía quedaba una última escena: Andrés Ciro Martínez tomó la armónica y se quedó solo para cantar el Himno Nacional Argentino. Tras horas de guitarras, saltos y coros, la despedida quedó reducida a una voz, una armónica y el silencio atento del público, con el que terminó la velada en La Riviera.
Ciro y Los Persas repasaron buena parte de su historia musical en Madrid y firmaron un recital que dejó su huella en la ciudad, con poesía, riffs y rock and roll en una noche larga en La Riviera.
Andrés Ciro Martínez, un titán del stage.
Redactor, fotógrafo y entrevistador de Arepa Volátil. El riff como capa, la poesía como espada y el rock and roll como sangre bendita. La música, el único escudo.
Escritor de pluma honesta, siempre atento a las propuestas emergentes, a los artistas que rompen moldes y con devoción suprema a los dioses de la música.
Los shows en directo, la sal de la vida.
