Fat Dog arrasa en Galileo Galilei con un directo frenético en Madrid

Fat Dog actuó el pasado jueves en la sala Galileo Galilei de Madrid con las entradas agotadas desde semanas antes, en un concierto promovido por SON Estrella Galicia, y lo hizo a propósito de la presentación de su segundo disco, Cancel Me (I’m Tired) (Domino, 2026).
La banda londinense, liderada por Joe Love, salió al escenario con retraso respecto a la hora prevista y abrió la actuación con la “Cabalgata de las valquirias” de Wagner, como hace en todos sus bolos. Poco después, Love apareció en escena y se lanzó hacia el público casi en plancha, dejando clara desde el inicio la dirección que iba a tomar la noche: un pogo constante hasta el final del concierto.
El grupo volvió a demostrar en Madrid que su propuesta, que combina ecos de Prodigy, The Fall y Gogol Bordello, gana sentido sobre las tablas, donde su mezcla de descontrol aparente, humor y energía funciona como una apisonadora. Aunque a algunos oyentes ese cruce de estilos les ha resultado discutible, en directo Fat Dog convierte esa fórmula en una descarga física y urgente.
El sonido de la noche en la sala fue simplemente aceptable, aunque parecía algo secundario para buena parte de los asistentes, más pendientes de la intensidad del espectáculo que de distinguir los matices de los seis músicos que llenaban el escenario. La banda, en cualquier caso, mostró una precisión instrumental muy notable, capaz de hacer convivir esa impresión de caos permanente con una técnica fuera de toda duda.
El repertorio se apoyó sobre todo en canciones de su nuevo trabajo, entre ellas “Smile and Wave”, “Shit Love”, “Cancel Me (I’m Tired)”, “Call It What You Want” y “Go Fuck Urself”, esta última muy celebrada por el público pese a su vocación claramente mainstream si no fuera por la letra.
También sonaron temas de su debut, como “Wither” y “Running”, con la que cerraron el concierto de forma apoteósica ante unos seguidores entregados al jolgorio colectivo. Además, interpretaron “Aliens”, un tema indistinguible y convertido también en una pieza “pogueable” pese a que supuso su único supuesto momento de asueto.
El recital duró unos cincuenta minutos, una cifra que puede parecer breve, pero que encaja con la forma en que Fat Dog plantea sus directos: una descarga sin tregua, con Joe Love sin interés por guardar las formas y una banda que empuja con una base rítmica que sobrepasa límites de velocidad, junto al violinista, la saxofonista y el responsable de sintes y pregrabaciones. La propuesta arrasó y desapareció antes de que nadie pudiera reprocharle la duración.
El texto original comparaba además la experiencia con El Mago de Oz, al imaginar que Dorothy habría salido de Galileo Galilei sin haber encontrado su propósito vital, con los zapatos hechos trizas y preguntándose quién había puesto techno en el camino de baldosas amarillas. Aun así, habría descubierto algo más práctico: que para llegar al destino no siempre hacen falta cerebros privilegiados, grandes corazones o una enorme valentía, y que a veces basta con seguir a un perro gordo que ladra a todo volumen.
