Komodor y Hällas llenan la Sala Nazca con una doble cita de rock en Madrid

Hällas y Komodor hicieron parada en Madrid el 17 de octubre dentro de su gira conjunta por España, en una cita con todas las entradas vendidas en la Sala Nazca que reunió a diez músicos, dos bandas y un público mayoritariamente joven llegado desde Madrid y desde otras localidades.
La apertura corrió a cargo de los franceses Komodor, que salieron con puntualidad y dejaron claro desde el inicio que su actuación no sería un simple paso previo a los cabezas de cartel. Pese a las limitaciones de espacio, supieron aprovechar cada rincón del escenario para firmar un concierto muy sólido y conectar con la audiencia gracias a una marcada personalidad setentera.
Su propuesta se apoyó en una base de hard rock sin restricciones heredada del garage rock, con rasgos de glam rock primitivo, rock de raíces, ritmos pegadizos y algunos matices funk que invitaban al movimiento. En su sonido también aparecían las referencias a la escena rock de Detroit, en un rock and roll crudo, versátil y con carácter.
Durante su descarga se impusieron tres guitarras en continua combustión, con aromas sureños, y una base rítmica contundente que generó una energía áspera y de alta intensidad. A eso se sumó el apoyo de dos voces que aportaban mayor fuerza al directo, mientras el bajista, provocativo e inquieto, acaparaba buena parte de la atención por su movimiento constante sobre las tablas. El público respondió de forma total y confirmó que Komodor había cumplido con creces.
Tras el cambio de equipo y con todo preparado para el quinteto sueco, llegó el turno de Hällas, que acudía a presentar su último trabajo, “Panorama”. La expectación era notable ante una banda que define su estilo como “rock de aventura” y que está formada por Tommy Alexandersson, al bajo y la voz; Alexander Moraitis, guitarra; Rickard Swahn, guitarra; Kasper Eriksson, batería; y Nicklas Malmqvist, teclados.
Su planteamiento mezcla rock progresivo, heavy metal, hard rock y blues rock con raíces en los años setenta, pero con una personalidad propia marcada por el misticismo, la épica medieval, la indumentaria y una atmósfera de fantasía que impregna sus composiciones y también su puesta en escena.
En el primer tramo del concierto, Hällas centró parte del repertorio en las canciones de “Panorama”, una sección que resultó posiblemente la más exigente de la noche. El arranque incluyó un tema de más de veinte minutos, con desarrollos complejos y estructuras que exigían una escucha atenta para seguir todos sus matices.
Con el paso de los minutos, la aparición de piezas más reconocibles y fáciles de corear fue cambiando el ambiente. Ahí surgió con más fuerza la identidad del grupo, con melodías amplias, pasajes de apoteosis y un tono heroico que convierte sus canciones en pequeñas leyendas musicales.
La voz adquirió entonces un peso especial, con un registro y una interpretación solemnes que reforzaban el componente narrativo de las composiciones. El cantante asumió el papel de contador de historias, con una presencia imponente y una expresividad que remitía a la tradición juglaresca.
El diálogo entre las guitarras dobladas, el respaldo y la relevancia de los teclados y el desarrollo progresivo de las piezas acabó siendo el eje de su propuesta, una fórmula que aporta melodía, atmósfera y épica. La noche en la Sala Nazca dejó así el retrato de dos bandas distintas pero unidas por su capacidad para reivindicar el rock: Komodor desde la inmediatez, el desenfreno y la crudeza; Hällas desde un universo más elaborado, con fantasía, desarrollo progresivo y espíritu aventurero, todo ello ante un público entregado de principio a fin.
