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Ocho salas de Madrid para escuchar música en directo

Sara Vázquez

Imagen: www.noticiasdelvino.com
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Madrid mantiene una intensa oferta de música en directo repartida por varios barrios y salas históricas, con locales dedicados al blues, el jazz, el indie pop, el rock underground, la canción de autor, la electrónica y otros estilos en espacios como Ópera, Chueca, el Barrio de las Letras, Bilbao, Costanilla de los Ángeles, Chamberí y Malasaña.

Entre esos lugares figuran La Coquette Blues Bar, abierta desde 1982 cerca de la estación de metro Ópera, y la Sala El Sol, fundada en 1979 y vinculada a la Movida madrileña. También aparecen el Café Central Ateneo, trasladado al edificio neoclásico del Ateneo de Madrid, y la Sala Clamores, con más de 40 años de trayectoria y una programación que incluye soul, funk y flamenco fusión.

La selección se completa con Toni 2 Piano Bar, en Chueca; Café Berlín, en la Costanilla de los Ángeles; la Sala Galileo Galilei, instalada en un antiguo cine; y Siroco, en Malasaña, donde conviven los directos de grupos emergentes y la electrónica de vanguardia.

La Coquette Blues Bar está muy cerca de la estación de metro Ópera, en la Línea 2. Se trata de un sótano abovedado de ladrillo visto que funciona como templo del blues en la capital desde 1982. Su propuesta es íntima, oscura y orientada a quienes buscan escapar de las modas comerciales. Los domingos por la noche organiza sus conocidas jam sessions, y para encontrar sitio en los bancos de madera frente al escenario conviene llegar antes de las 20:30. Allí, las cervezas cuestan alrededor de 4 euros.

La Sala El Sol, creada en 1979, conserva el peso histórico de la Movida madrileña. Al bajar por su escalera de caracol roja se accede a un ambiente retro con luces de neón parpadeantes. Es uno de los locales de conciertos de Madrid señalados para escuchar indie pop y rock nacional underground.

El Café Central Ateneo se presenta como una referencia para escuchar jazz en Madrid con una propuesta elegante y atemporal. Ha pasado recientemente al edificio neoclásico del Ateneo de Madrid, en pleno Barrio de las Letras, y mantiene sus mesas compartidas de mármol. En ese entorno, el contrabajo suena limpio mientras se puede cenar algo ligero bajo la luz de los candelabros.

La Sala Clamores suma más de 40 años de actividad y nació inspirada en los clubes de jazz de Nueva York. Actualmente destaca por una cartelera variada que incluye soul, funk y flamenco fusión. En sus sesiones nocturnas, con mesas bajas de madera situadas frente a los músicos, también se ofrece información práctica: está en la Calle de Alburquerque, 14, junto al metro Bilbao, y las entradas para conciertos de artistas internacionales suelen costar entre 12 y 25 euros, por lo que se recomienda reservar por internet con antelación.

Toni 2 Piano Bar, en el barrio de Chueca, rompe con el formato de los bares con música en vivo más habituales. No cuenta con escenario elevado ni barreras, porque la actividad se concentra en torno a un piano de cola negro brillante. Allí, personas de distintas generaciones cantan clásicos en castellano alrededor de la barra curvada.

Café Berlín, situado en la Costanilla de los Ángeles, ofrece una estética art decó, buenos sistemas de sonido y suelos pulidos. Es una opción habitual para salir por Madrid en jueves o viernes por la noche, con una programación en la que se mezclan jazz contemporáneo, música negra y pop de autor.

La Sala Galileo Galilei ocupa el espacio de un antiguo cine y conserva detalles ornamentales y columnatas de la estructura original. Es uno de los locales más conocidos de Madrid para la canción de autor, la poesía y los directos acústicos más cercanos, en un entorno amplio pero cómodo para escuchar sentado.

Siroco, en Malasaña, es uno de los focos del movimiento musical alternativo desde el siglo pasado. En su planta baja, oscura y canalla, predominan al principio de la noche las guitarras distorsionadas y, más tarde, el espacio se transforma en un club de electrónica de vanguardia. También se destaca por ser un lugar adecuado para descubrir bandas emergentes antes de que den el salto al gran público.

La propuesta de estas ocho salas dibuja un mapa sonoro de Madrid con paradas muy distintas entre sí, pero todas orientadas a la música en directo y a una noche de conciertos por la ciudad.