Placebo impone el silencio de los móviles en su regreso a los años 90 en Madrid

Placebo convirtió su concierto de este jueves en el Palacio de los Deportes - Movistar Arena de Madrid en un viaje a 1996, con una prohibición expresa de usar móviles durante la actuación y un repertorio centrado en sus dos primeros discos, en el marco de la gira con la que celebra sus 30 años como banda.
Antes de que arrancara el recital, el grupo de Brian Molko y Stefan Olsdal proyectó en los laterales del escenario el mensaje “Recordarás el momento, no la grabación. Mejor sin tu móvil. Placebo. Compartamos esto juntos”. Al principio pudo parecer una recomendación, pero el personal de seguridad, con potentes linternas dirigidas a quienes grababan, dejó claro que la norma era obligatoria.
El escenario estaba cubierto por un gran telón blanco sobre el que se proyectaron imágenes y frases que abrían simbólicamente la noche hacia 1996, año de publicación del primer álbum homónimo de la banda londinense, formada dos años antes, en plena expansión mundial del indie y el rock alternativo. “El presente es pasado”, aparecía escrito en inglés sobre los pliegues de la tela, mientras se fundían los números 1996 y 2026, igual que a lo largo de la velada se mezclaban los Placebo de entonces con los de ahora.
La figura de David Bowie apareció deformada por las ondulaciones del lienzo y provocó una reacción inmediata entre el público. La relación de Placebo con Bowie quedó reforzada desde 1997, cuando el grupo fue invitado al 50 cumpleaños del artista en el Madison Square Garden, y después con su actuación conjunta en los Brit Awards, donde interpretaron 20th Century Boy, de T-Rex. Esa idea de genealogía musical y homenaje atravesó toda la noche.
Cuando cayó la sábana blanca, empezó Pure Morning, el sencillo de su segundo trabajo. En esta gira, Placebo repasa los 30 años de trayectoria de la banda británica, ya convertida en dúo, con canciones solo de Placebo, publicado en 1996, y Without You I'm Nothing, de 1998, además de un par de versiones y un tema nuevo que, en parte, mira al pasado.
“Os queremos mucho, Madrid”. Stefan Olsdal se dirigió así, en castellano, al público que llenaba el Palacio. El músico recordó también, con palabras de agradecimiento, los 30 años de apoyo recibido y pidió “un poco de ruido” antes de interpretar Bionic. Su presencia en las noches madrileñas, primero como figura llamativa de la escena indie y dark y después como un nombre más del circuito local, quedó de fondo en un concierto en el que volvió a escucharse el castellano desde el escenario.
La vigilancia sobre los teléfonos fue constante. El personal de seguridad recorrió la pista, enfocó con sus linternas a quienes apuntaban al escenario y llegó a internarse entre el público para localizar cualquier pantalla encendida. Brian Molko explicó primero en español y luego en inglés por qué no quería móviles en la sala: “No teníamos putos móviles en 1996”, dijo. Después añadió “Agradezco tu comprensión” y “gracias por tu cooperación”, aunque enseguida fue más tajante: “Guarda tu móvil o vete”. También avisó: “Yo lo veo todo desde aquí, así que recibiréis una advertencia de mi parte”. Durante la actuación, llegó a señalar con el índice a quienes seguían grabando sin dejar de cantar.
La banda ya había tomado medidas similares en 2022, cuando obligó a guardar teléfonos, relojes, cámaras y cualquier otro dispositivo de grabación en una bolsa que no podía abrirse hasta la salida. Entonces, el objetivo que defendieron era “vivir el momento”. En Madrid, la restricción no hizo falta extenderla a ese punto y el público terminó por acatarla por completo.
Sin móviles, el concierto recuperó una atmósfera muy parecida a la de 1996: más brazos en alto, más cabezas moviéndose, más cuerpos bailando y mejor visión del escenario. También regresaron los aplausos, que en los últimos años parecen haberse reducido en los conciertos, ya sea por una menor capacidad de agradecimiento sonoro o porque una de las manos queda ocupada con el teléfono. Bajo el control impuesto por Placebo, el público volvió a aplaudir con fuerza.
Entre los momentos más intensos estuvieron una versión muy amplia de Lady of Flowers y, sobre todo, Nancy Boy, aunque también generó más debate una lectura ralentizada de 36 Degrees. Como novedad fuera de ese regreso al pasado apareció HELEN KELLER, una canción nueva que, en realidad, tiene parte de vieja: lleva el nombre de la activista sordociega estadounidense, a la que Molko definió en otra ocasión como “una de mis personas favoritas de la historia”, y toma como referencia el instrumental oculto del primer disco, H.K. Farewell.
Después de la despedida para el bis, el cierre llegó con Every You Every Me, un tema que siempre provoca la reacción del público, especialmente de quienes salieron, bebieron o amaron a finales de los 90. A continuación sonaron dos versiones que reforzaron la idea de homenaje y herencia musical: I Feel You, de Depeche Mode, del disco Songs Of Faith And Devotion, de 1993, y Running Up The Hill (A Deal With God), de Kate Bush, de 1985, interpretada con menos fortuna. Placebo lleva tocando esta última desde 2003 y, aunque después de Stranger Things pueda leerse de otro modo, mantiene intacta la melancolía que encaja con el final de un concierto concebido, sobre todo, como una vuelta al pasado.
