Conciertos Madrid

Transvision Vamp recupera sus clásicos en LAB theClub de Madrid

Sara Vázquez

Imagen: rockandblog.net
Imagen: rockandblog.net

Transvision Vamp volvió a Madrid este sábado 26 de septiembre con Wendy James al frente y un repertorio centrado en sus grandes éxitos, en un concierto en LAB theClub que estuvo marcado por algunos problemas técnicos, una voz castigada por la actuación de la víspera en Barcelona y una respuesta del público muy entregada.

La banda británica llegó a la capital dentro de su gira de regreso, después de haber actuado apenas 24 horas antes en Razzmatazz 2 de Barcelona. El itinerario español seguirá el 2 de octubre en Bilbao y el día 3 en Valencia.

El concierto tuvo lugar en la actual LAB theClub, que ocupa el antiguo espacio de Macumba en la parte superior de la Estación de Chamartín. La zona destinada específicamente a conciertos, Wagon, abrió en 2025 con un aforo anunciado de 1.420 personas. La entrada al recinto fue cómoda y permitió colocarse sin agobios, con una sala que funcionó correctamente y un sonido, en líneas generales, decente, aunque toda esa área superior de Chamartín sigue ofreciendo un aspecto algo desangelado. La impresión, en cambio, fue menos favorable en lo referente a las consumiciones, con precios que resultaron abusivos para un espacio de estas características.

No hubo teloneros, de modo que el protagonismo fue desde el principio para Transvision Vamp y su público, con alrededor de hora y media por delante. El arranque llegó con “Trash City”, pero el inicio estuvo acompañado de fallos técnicos, acoples y amplificadores que emitieron más de una pedorreta. Durante esos primeros minutos pareció que la actuación podía complicarse más de la cuenta, aunque los problemas se fueron corrigiendo con relativa rapidez.

Después sonó “Tell That Girl to Shut Up”, versión de Holly and the Italians que la banda hizo suya hace décadas, y a partir de ahí el concierto empezó a ganar cuerpo. La noche se apoyó pronto en la nostalgia, porque hay temas que siguen activando de inmediato esa memoria colectiva que rodea a Transvision Vamp casi cuatro décadas después de sus grandes años.

La atención se concentró inevitablemente en Wendy James. Su voz nunca ha sido un ejemplo de virtuosismo técnico y tampoco ha sido esa la razón por la que la banda conectó con su público, ya que su fuerza siempre ha residido en la personalidad, la actitud, el descaro y un timbre perfectamente identificable. En esta ocasión, además, la cantante estaba especialmente afectada. Ella misma explicó al público que el concierto de Barcelona del día anterior le había dejado tocada vocalmente, algo que se notó en varios pasajes, con momentos en los que tuvo que dosificar recursos para sacar adelante las canciones.

Sin embargo, el paso del tiempo juega a favor de una paradoja evidente: transcurridas cerca de cuatro décadas desde aquella etapa, esa voz conserva en muchos momentos el color y la personalidad que ya tenía en los discos de entonces. No necesariamente canta mejor, pero sí sigue resultando reconocible, y en un concierto construido en gran medida sobre la memoria del público eso tiene un peso importante.

La formación de esta gira está integrada por Wendy James, Dave Parsons al bajo, Alex Ward y Pip Stakem a las guitarras, Matt Millership a los teclados y James Sclavunos a la batería. Musicalmente cumplieron, sobre todo una vez superados los problemas iniciales, aunque sobre el escenario el conjunto dio una imagen demasiado estática para una música que pide más movimiento. Faltó algo de electricidad, y fue Wendy quien asumió casi todo el peso escénico.

Durante la noche se mostró cercana y agradecida, habló con el público y trató de devolver el cariño que recibía desde la pista. Esa conexión fue importante porque, si algo quedó claro, es que la gente tenía muchas ganas de volver a ver a Transvision Vamp.

El repertorio combinó clásicos de la banda con canciones de la carrera en solitario de Wendy James. Tras “I Want Your Love” llegó “Speedball”, de su etapa en solitario, antes de recuperar “Sister Moon” y “Pressure Times”. El programa permitía comprobar que este regreso está planteado como una revisión de toda aquella época, con una banda que solo publicó tres discos en su primera etapa: “Pop Art” en 1988, “Velveteen” en 1989 y “Little Magnets Versus the Bubble of Babble” en 1991. Treinta y cinco años después de ese último álbum, esas canciones siguen siendo la base de sus conciertos.

Cuando aparecían los temas más conocidos, la reacción del público cambiaba de inmediato. “The Only One” elevó otra vez la temperatura antes de que “If Looks Could Kill”, “Born to Be Sold” y “Down on You” acercaran el tramo más eficaz de la actuación. El verdadero impulso de la noche, en realidad, estaba más en la sala que sobre el escenario, con mucha gente disfrutando de escuchar de nuevo esas canciones.

“(I Just Wanna) B With U” dio paso a “Revolution Baby”, otro de esos títulos capaces de activar de forma instantánea la memoria de quienes siguieron a la banda en sus mejores años. Después llegaron “Pay The Ghosts” y “Landslide of Love”. Y entonces apareció “Baby I Don’t Care”. En ese momento, los problemas de sonido, la parsimonia del grupo o el desgaste vocal de Wendy James pasaron a un segundo plano durante unos minutos, porque la canción terminó uniendo escenario y grada con una eficacia que sobrevivió mucho mejor que todo lo que la rodeaba cuando se publicó.

Antes del final quedaron “Bad Valentine” y, como cierre, “Velveteen”. Fue una actuación sin grandes artificios, sin una producción llamativa y con una duración de poco más de hora y media. No fue un concierto perfecto: los fallos técnicos del comienzo, la voz castigada de James y la falta de movimiento de la banda pesaron durante buena parte de la noche. Pero eso no explica por completo lo sucedido en LAB, donde hubo mucha gente sonriendo, cantando y disfrutando.

Transvision Vamp no necesitan demostrar en 2026 que son la banda que fueron en 1989, porque eso ya no es posible. Lo que sí consiguen es que durante noventa minutos varias canciones vuelvan a transportar al público a aquel tiempo. En Madrid lo lograron con “I Want Your Love”, “Revolution Baby”, “The Only One” y, especialmente, “Baby I Don’t Care”, hasta el punto de que durante unos minutos el calendario dejó de importar y todo volvió a tener treinta y cinco años menos.