La Wurlitzer Backroom, refugio del punk y los directos emergentes en Madrid

La Wurlitzer Backroom, en la calle de las Tres Cruces, junto a la Gran Vía de Madrid, acoge cada fin de semana conciertos de bandas emergentes y se ha convertido, según los músicos que pasan por allí, en uno de los pocos espacios que sostienen la música en directo en salas frente a los alquileres abusivos y la dificultad para obtener beneficios con un concierto en la capital.
En una de esas noches actuó Mordieron al Perro, grupo que presentó su punk rock ante un público muy joven y numeroso. Su cantante y portavoz, Don Jalisco, Jota, definió el local como “un reducto de la música en directo en salas” y explicó que tocar en Madrid es cada vez más complicado por la falta de apoyo institucional, los alquileres inasumibles y las trabas a la cultura de base, aunque también destacó que la ciudad resiste gracias a una red de apoyo mutuo y centros sociales autogestionados.
Jota insistió en que los costes han encarecido la actividad hasta el punto de que “a día de hoy, para una banda es casi imposible obtener beneficios de un concierto en la ciudad”. Añadió que las salas suben precios por miedo a no llenar y que, incluso con sold out, no siempre bajan el alquiler a los grupos. También denunció que falta interés político por ayudar a la base y que se prefiere sostener el negocio con quienes ya mueven dinero.
Álvaro Wurli, maître y propietario de la Wurlitzer Backroom, señaló que la escena emergente madrileña está ahora más activa y variada que hace unos años, con más opciones, más ofertas y más tipos de punk. Según él, el público responde con entusiasmo y hay bandas que solo publican sus temas en formato digital y aun así la gente se los sabe, los canta y los baila. También subrayó que los jóvenes escuchan punk, cumbia, rap, heavy o cualquier otro estilo sin cerrarse a uno solo.
La programación de esa misma noche incluyó, además de Mordieron al Perro, a Miss Penas, Club Zero y Todo Bien Todo Mal, formaciones que mantienen el guitarreo, el postpunk y el berrido desgañitado, pero que reconocen influencias muy diversas. Jota defendió incluso que despreciar el reguetón como “música mala” revela “cierta inseguridad y elitismo”, y afirmó que en su grupo experimentan con hip hop y música latina porque esa mezcla enriquece lo que luego aportan al rock.
Eva y Alejandra, integrantes de Dear Joanne, remarcaron la importancia de que existan salas y organizadores que sigan apoyando a los grupos emergentes pese a las condiciones injustas. Pusieron como ejemplos a La Wurli, donde han tocado muchas veces, y también a El Sol, una sala con mucha historia en la que, dijeron, la energía que se genera resulta muy difícil de encontrar en grandes escenarios y festivales. Ambas adelantaron que su primer álbum está a punto de salir y que llegará con energía, influencias punk, garaje y new wave y un toque más sofisticado.
En su repaso a los locales que mantienen una filosofía parecida en la capital, Álvaro Wurli citó el Café de la Palma y, además, salas como Siroco, El Sol, Rockville o casi todas las gestionadas en programación por Ocho y Medio. También explicó que el cambio en los hábitos de consumo de alcohol, unido al encarecimiento de las consumiciones en Madrid, ha alterado la financiación tradicional de los conciertos, que antes dependía en buena parte de la barra.
El propio Jota recordó que el aumento de gente joven con ganas de formar grupos o aprender a tocar es “alucinante”, en parte por el acceso a programas de producción, y sostuvo que la nueva música que nace no empeora la calidad, sino que la enriquece. Para Eva y Alejandra, además, el valor del directo sigue siendo esencial y es precisamente ahí donde creen que pueden aportar más, en una escena que aún pelea por sobrevivir con más música, más salas y más público que mantengan vivo el contacto cara a cara.
