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Britney Spears revive la etapa de 'Britney' con cinco temas inéditos en una reedición

Esteban Alonso

Imagen: www.latimes.com
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Legacy Recordings publica este viernes “Britney (25th Anniversary Edition)”, una reedición ampliada del disco “Britney” de Britney Spears que incorpora dos remezclas y cinco canciones inéditas de aquella época, más de dos décadas después de un álbum que llegó a cuatro veces platino en menos de dos meses y que marcó un punto de inflexión en la carrera de la artista.

La edición llega después de que Spears anunciara en Instagram en 2024 que “nunca regresaría a la industria musical”, y se presenta además en un momento en el que la cantante ha vuelto a estar en el centro de la conversación pública por distintos hitos de los últimos años: en 2021 quedó liberada de la tutela judicial que controló su vida y su dinero durante casi 14 años, y en febrero se comunicó que había vendido los derechos de su catálogo musical a Primary Wave por una cantidad que no se hizo pública.

El álbum original apareció en 2001, cuando Spears tenía 19 años y estaba en plena transición a la adultez. Ya era una de las figuras más conocidas del planeta, respaldada por una base masiva de seguidores y por una industria de las celebridades igualmente voraz. Aquel año actuó en el descanso de la Super Bowl y también dejó dos imágenes que ayudaron a fijar su lugar en la cultura pop: primero, con Justin Timberlake, ambos vestidos con vaqueros a juego en los American Music Awards; después, con una pitón albina en el cuello durante su actuación en los MTV Video Music Awards.

Su tercer trabajo de estudio llegó justo antes de que cumpliera 20 años, después del ascenso fulgurante que había logrado con “… Baby One More Time” en 1999 y “Oops! … I Did It Again” en 2000. En “Britney”, Spears abrió el disco con unas palabras habladas que entonces se interpretaron como una provocación, algo habitual cuando una mujer joven afirma su propia voluntad.

“Sé que quizá soy joven”, seduce Spears sobre una producción de R&B entrecortada, cortesía de The Neptunes, el dúo galardonado de Pharrell Williams y Chad Hugo. “Pero yo también tengo sentimientos”.

Ese corte es “I’m a Slave 4 U”, el sencillo con el que dejó claro que el pop más dulce de sus primeros lanzamientos había dado paso a un registro más adulto. Esa evolución también se nota en las canciones del disco firmadas y producidas por colaboradores anteriores, Max Martin y Rami Yacoub, como “Bombastic Love”, que mantiene su brillo aunque con un filo nuevo.

Si en “Britney” la cantante seguía una senda ya explorada por Madonna o Janet Jackson, lo hacía sin abandonar un enfoque apto para adolescentes. La sensualidad se utiliza como una forma de expresar autonomía, pero sin perder el acceso a un público joven. De ahí la frase de “I’m not a girl, not yet a woman” (No soy una niña, tampoco soy una mujer), que resume esa posición intermedia.

El disco está atravesado por declaraciones de independencia, sexual y de otro tipo. En “Overprotected” canta “Say hello to the girl that I am” (Saluda a la chica que soy); en “Lonely” cambia el marco con “Now I live for me” (Ahora vivo para mí); y en la funkera y erótica “Boys” aparece la frase “She’s in control” (Ella tiene el control).

La autorreflexión también se refuerza porque el álbum lleva su nombre y porque Spears coescribió cinco canciones del disco original: “Lonely”, “Anticipating”, “Let Me Be”, “That’s Where You Take Me” y “Cinderella”, una de las más incisivas del repertorio.

Entre los temas recuperados en esta edición, el primero es “She’ll Never Be Me”, coescrito con Justin Timberlake, entonces su novio, que además participa con coros. Timberlake ya había coescrito una canción del álbum original, pero esta publicación llega después de que Spears relatara en sus memorias de 2023 detalles muy personales de su relación, entre ellos un embarazo, un aborto y una ruptura dolorosa.

En el contexto del resto del disco, “She’ll Never Be Me” encaja bien por sus efectos vocales y por una producción propia de los años 2000 cargada de impulso, hasta el punto de funcionar como un notable lado B.

Lo mismo ocurre con el resto de las canciones inéditas: “Am I A Sinner”, con su arranque lento y engañoso; “Right Now (Taste the Victory)”, de ritmos influidos por el pop latino; “When I Say So”, con fallos digitales y un enfoque proto-hiperpop; y “My Big Secret”, más emotiva y de duración inusual, que incluye la interpretación vocal más sólida de Spears en todo el álbum, con un falsete especialmente llamativo.

En lo temático, varias de estas piezas pueden leerse como una respuesta a la fijación de la prensa sensacionalista con la virginidad de Spears en el momento en que se publicó el álbum. “You’ll get some when I say so” (Tendrás algo cuando yo lo diga), canta en “When I Say So”.

En “Am I A Sinner”, además, parece dirigirse a unos medios que la juzgan con dureza o a una relación dañina: “Tell me, am I a sinner? / Tell me, am I wrong? / Something’s wrong with the picture / This is not my fault” (Dime, ¿soy una pecadora? / Dime, ¿estoy equivocada? / Algo no cuadra en la imagen / Esto no es culpa mía).

Desde la aparición de sus memorias superventas, “The Woman in Me” (La mujer que soy), en las que repasa su infancia, su ascenso a la fama, sus matrimonios, la maternidad y la tutela, los seguidores han intentado reinterpretar cómo fue presentada Spears al principio de su carrera. Estas nuevas canciones probablemente alimentarán ese trabajo de relectura, aunque para otros simplemente servirán para revisar la época con una nostalgia sencilla. En cualquier caso, el disco sigue siendo una obra escrita y grabada en el espacio entre la adolescencia y la adultez, por la mujer que una generación tomó como referencia para hacer ese mismo tránsito.